Víctor Botas vuelve en forma de novela

Hablar de Víctor Botas es hablar de poesía. De una poesía sobria, intensa y emocionada. Miembro de la famosa tertulia Oliver, Botas fue un poeta tardío, pero imparable y necesario. Se dio a conocer con Las cosas que me acechan (1979), al que seguirían Prosopon (1980), Historia antigua (1987) y Retórica (1992). Lo fundamental de su obra poética se recogió en el volumen Poesía. 1979-1992. Sin embargo Víctor Botas también dejó un legado narrativo: la novela Rosa Rosae, que, tras décadas de espera y enrevesados acontecimientos, al fin está en las librerías. José Luis García Martín y Víctor Botas Cervero, hijo del autor, fueron los encargados de presentar en Cervantes, llenos de emoción, este legado narrativo que transcurre en la época romana y revela una fuerte crítica política. Víctor Botas murió en Oviedo el 23 de octubre de 1994 con 49 años, la misma edad con la que se fueron Clarín, Rubén Darío y San Juan de la Cruz.

“Somos las manos y los ojos de los muertos” dijo el profesor y crítico literario José Luis García Martín. “Los autores no serían nada si no siguiéramos hablando de ellos. De la misma forma que, por ejemplo, tenemos a Cervantes presente gracias a los trabajos que Francisco Rico o Andrés Trapiello continúan haciendo sobre él“. García Martín, quien fue amigo íntimo de Víctor Botas, quiso dejar claro que si la obra de este poeta sigue viva no es sólo porque su familia y sus amigos continúan acordándose de él, sino porque sus textos siguen causando interés y generando estudios entre personas que no le conocieron de nada. “Víctor Botas está en la historia de la literatura porque la gente ha llegado a él a través de sus textos”.

Todo libro tiene siempre dos historias; una, la visible, es la que cuentan sus páginas y otra, la secreta, es cómo se va gestando y todas las vicisitudes por las que tiene que pasar el libro, eso que los lectores nunca, o casi nunca, pueden ver. Víctor Botas comenzó a escribir Rosa Rosae en 1983 y la terminó dos años después, en 1985.  “Durante todo ese tiempo fui testigo de sus dudas, de sus titubeos” señala Martín.  “Botas estaba convencido de que estaba escribiendo una obra maestra“. Precisamente por esto no quiso que, una vez terminada la novela, pasara desapercibida en una editorial provinciana y luchó por encontrar la correcta. Pero no fue sencillo dar con la adecuada. Hasta que Carmen Balcells, la más famosa de las agentes literarias quien llevaba, entre otros, a García Márquez y Vargas Llosa, decidió ocuparse de Rosa Rosae. “Esto fue una suerte y a la vez una desgracia” explica García Martín. Balcells era tan admirada como temida entre los editores por sus exigencias. Finalmente, creyeron encontrar la editorial idónea: una nueva de Zaragoza que empezaría su catálogo con la novela de Botas y unos textos inéditos de Julio Cortázar. Pero, de nuevo, se cruzó la mala suerte: La editorial quebró, se metió en un pleito judicial y la novela fue secuestrada. Esto supuso un gran trauma para el autor. La gente buscaba Rosa Rosae, se interesaba por leer la novela de Botas, pero no había forma de adquirirla. Hasta ahora, que la editorial Espuela de Plata ha decidido rescatar el legado narrativo de Víctor Botas.

Confieso que releí la novela con cierto temor” comenta José Luis García Martín. “¿Cómo la habría tratado el tiempo después de 30 años? Y sin embargo me encontré con que sigue tan viva, divertida y lírica como cuando fue escrita“. En Rosa Rosae Víctor Botas muestra un minucioso conocimiento de la época romana en la que Cayo Damnatus, a partir de un modesto cargo político, llega a convertirse en uno de los más acaudalados comerciantes del Imperio, mientras aparecen en su entorno poetas, generales, sumos sacerdotes y vestales. Martín afirma que en la novela podemos ver tres lados. Uno de ellos es el autobiográfico. “Cayo Damnatus es, de una forma encubierta, el propio Botas“. Otro es la descripción de la época romana. “La recrea con una gran belleza y lirismo, capta el espíritu, el ambiente de Roma“. De hecho, Carmen Morán, experta en el mundo clásico, afirma en el prólogo del libro que se ve que Víctor Botas “no es ningún aficionado”, sino que tiene claras referencias clásicas. Y el tercer lado de Rosa Rosae, tan lejano en el tiempo y a pesar de ello tan cercano, es el de la crítica política, ya que la novela habla de políticos corruptos y ambiciosos. “Botas utilizaba Roma para hablar de la situación de España en los primeros años 80 y, sin embargo, podemos ver en esa crítica la situación actual, podemos poner los nombres de algunos políticos de hoy en día en ciertas trapacerías que Botas nos cuenta. El ser humano no cambia“.

José Luis García Martín también señaló lo que él considera dos grandes logros de la novela. Por un lado, su estructura de manuscrito encontrado, unas memorias dictadas en dos momentos muy diferentes: primero cuando Cayo Damnatus es un político con ambiciones y, más tarde, cuando ya es un fracasado y habla a tumba abierta. El profesor de literatura afirma que muchas veces las novelas de los poetas son demasiado cargantes, sin embargo no es el caso de Rosa Rosae, y éste es otro de sus grandes aciertos. “Hay fragmentos que no la hacen excesivamente lirica. Es un libro viajero y maravilloso“.

Nos hacemos inmortales en el arte y mediante los hijos” explicó Martín, emocionado, presentando a Víctor Botas Cervero, hijo del poeta, sentado junto a él en la mesa. Y si Víctor Botas empezó a escribir Rosa Rosae en 1983, la casualidad también hizo que fuera ese mismo año cuando naciera su hijo Víctor. Éste también heredó la capacidad creativa, pero no la de la poesía, sino la del dibujo. “La gente saca conclusiones de mis dibujos, me cuenta historias que yo no había pensado cuando los realicé. Cada uno encuentra lo que quiere. Como en la poesía” explica Víctor Botas Cervero, quien ya se había encargado de ilustrar Carta a un amigo (Impronta, 2014 ), una selección de medio centenar de textos inéditos seleccionados entre los más de 300 que Víctor Botas guardó celosamente en una carpeta, fechados entre 1976 y 1978. En este libro Víctor Botas Cervero recreó con dibujos el mundo de su padre, que tan bien conoce: dibujó al poeta hablando con Borges, con Horacio; dibujó al poeta dentro de un laberinto. Incluso incluyó un dibujo en el que el Botas caminaba por la calle junto a José Luis García Martín. “Iríamos discutiendo de política, como siempre” ríe el profesor de literatura.

Ya que el propio Víctor Botas no podía dedicar su novela en la presentación, fue su hijo el que realizó maravillosos dibujos en los libros de los asistentes, convirtiéndolos en piezas únicas. Debido a la enorme timidez del poeta, Martín explicó que si Víctor Botas se hubiese encontrado allí, “lo más probable es que estuviera escondido, pero mirándonos y escuchando los elogios que le dedicamos“.

(4 de junio de 2015)

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