Antonio G. Iturbe: “Las bibliotecas son un refugio en medio de la crisis”

Biblioasturias-Toni Iturbe (Fotografia:Nestor Gonzalez)

 

En septiembre de 1943, los nazis establecieron un llamado “campo familiar” como una extensión de Auschwitz, en el bosque de abedules de Birkenau, que incluía un bloque separado, el “número 31″, construido especialmente para los niños. El objetivo de este bloque era demostrarle al mundo que los judíos deportados al Este no eran asesinados. (…) Mientras estuvo abierto, albergó a 500 niños que convivían con varios “consejeros” y, a pesar de la estricta vigilancia, poseía, sorprendentemente, una biblioteca infantil clandestina. (…) Por las noches, se guardaban los libros con otros bienes de valor como medicamentos y raciones de comida, en la pequeña habitación del niño de más edad del bloque. Una de las niñas se encargaba de ocultar los libros en un lugar diferente cada vez”.

 

Por este fragmento de La biblioteca de noche de Alberto Manguel se enteró Antonio Iturbe de la existencia de la biblioteca más pequeña y la clandestina de la Historia: la de Auschwitz. Y, fascinado, tuvo que seguir tirando de ese hilo. Así Antonio Iturbe, director de la revista Qué Leer, fue llevando a cabo una indagación que le ha conducido a Polonia, la República Checa e Israel para rescatar del olvido la historia de la joven bibliotecaria Edita Polachova y contar su aventura: la de cómo consiguió que los libros crearan una burbuja protectora en mitad del horror. Iturbe ha logrado plasmar su amor y devoción por la literatura en La bibliotecaria de Auschwitz, una novela que nos dice que es cierto que la cultura no es necesaria para la supervivencia porque con el pan de comer y el agua de beber sobrevive el hombre; pero sólo con eso muere la humanidad entera.

Nos saltamos nuestras habituales fronteras asturianas para entrevistar al autor de una obra que tiene como eje central las bibliotecas y el amor a la lectura, una obra que es todo un homenaje a nuestra profesión, una obra que a buen seguro será uno de los éxitos de esta temporada.

 

Su llegada a Auschwitz no fue a través del Holocausto, sino a través de su fascinación por las bibliotecas…

Efectivamente. Yo soy un gran fan de las bibliotecas. Para la gente que no tenemos creencias religiosas pero tenemos conciencia ciudadana y amor por la cultura, una biblioteca es una iglesia: un lugar de recogimiento, donde se hace el silencio y uno encuentra mil y una maravillas. La primera noticia que tengo de la existencia de ese barracón en Auschwitz con un puñado de libros es precisamente al leer el libro de Alberto Manguel La biblioteca de noche, donde hace un recorrido por múltiples bibliotecas a lo largo de la historia y se detenía en unas cuantas líneas a comentar ésta.

¿Cómo era esa pequeña, heroica y clandestina biblioteca?

En el barracón 31 del Campo BIIb de Auschwitz consiguieron reunir 8 libros de manera azarosa, algunos sin cubiertas, en varios idiomas. Bibliográficamente alguien podría decir que no era una biblioteca reseñable, pero que en el mayor de los horrores una gente se preocupase de reunir un puñado de libros le da un extraordinario valor. Probablemente fuera la biblioteca pública más pequeña y clandestina de la historia, pero también una de las más grandes por su valor moral.

Probablemente fuera la biblioteca pública más pequeña y clandestina de la historia, pero también una de las más grandes por su valor moral”


Háblenos de los ocho libros que la formaban…

Logré saber cuáles eran cinco de ellos: una gramática rusa, un libro de álgebra, un atlas, un libro de psicoanálisis de Sigmund Freud y Breve historia del mundo de HG Wells. Me faltaban tres. De uno no obtuve dato alguno. De los otros dos, sabía que uno era una novela en francés y el otro, un libro en checo. Aquí interviene la potestad del escritor de rellenar con ficción los huecos que deja la documentación y quise imaginar que aquella novela en francés puso haber sido (¿por qué no?) El conde de Montecristo. Eso me permitía establecer un paralelismo entre la injusticia y humillación sufrida por Edmundo Dantés, encarcelado en terrible penal de If siendo un hombre inocente. Y eso me permitía hablar de la venganza… ¿un derecho, una tentación, un peligro moral? Respecto al libro checo quise pensar que pudo haber sido Las aventuras del bravo soldado Svejk de Jaroslav Hasek, libro importantísimo en la República Checa protagonizado por un pícaro que parece tonto, pero que en realidad se hace el tonto para dejar en ridículo a los pomposos oficiales de la I Guerra Mundial y mostrar cómo la guerra es el mayor absurdo de la Humanidad.

Los prisioneros no sólo tenían los libros de la biblioteca, también los que recordaban…

Varios profesores ejercían de “libros vivientes”. Aquellos que conocían especialmente bien un libro, iban rotando por los grupos de taburetes que conformaban las improvisadas aulas y los iban relatando a los niños. Diez años antes de que Ray Bradbury hablara de los hombres-libro en Farenheit 451 ,ya existían en Auschwitz.

¿Quién era Dita Polachova?

Fue una muchacha de 14 años a la que el director del barracón 31 encargó que se hiciera cargo de aquel puñado de libros. Su misión era repartirlos a los profesores del barracón que los solicitasen para sus clases y recogerlos al final de la jornada para esconderlos.

¿Cómo cree que influyó el hecho de que fuera una niña en su tarea de improvisada bibliotecaria?

Yo creo que ella no era consciente del peligro. No podía saber que al menos dos de los libros de esa biblioteca (el de Freud y el de HG Wells) formaban parte de la lista de libros prohibidos y perseguidos elaborada por el ministro de propaganda Goebbels: su tenencia estaba rigurosamente castigada.

Ya que usted ha podido conocerla, díganos, ¿cómo es hoy en día Dita, con 82 años? ¿Continúa teniendo en los libros una burbuja protectora?

Es una gran lectora. Libros que menciono en la novela: Ciudadela de Kronin, La montaña mágica de Mann o Cazadores de microbios de Paul de Kruif son lecturas suyas de juventud. Entras con ella en una librería y se le van los ojos: le interesa mucho Jonathan Franzen y uno de sus escritores favoritos es el premio Nobel australiano Patrick White.

Una figura fundamental de esta historia es Freddy Hirsch. ¿Cómo logró este judío alemán llevar a cabo la biblioteca y una escuela clandestina en el campo de concentración?

Cuando los nazis le ordenaron que organizara un bloque para tener a los niños del campo entretenidos mientras sus padres trabajaban en los talleres durante el día le prohibieron que se hablara de religión, de política o que se diera cualquier tipo de enseñanza: únicamente debían hacer juegos, obras de teatro o cancioncillas. Pero Hirsch no les hizo caso y montó una escuela clandestina, donde los niños estudiaban geografía o matemáticas. Y a través de los internos que se movían entre campos (registradores, techadores, carpinteros…) que entraban clandestinamente objetos para comerciar se reunieron esos ocho libros de manera azarosa.

Nos quieren hacer cree que la cultura es un lujo. Pero no es ningún lujo, es lo que mantiene alerta nuestra conciencia ciudadana. Sobrevivir fisiológicamente no te garantiza que vivas como persona”

” Habrá quien piense que es un acto de valentía inútil en un campo de exterminio cuando hay otras preocupaciones más perentorias. Los libros no curan las enfermedades ni pueden utilizarse como armas para doblegar a un ejército de verdugos. No llenan el estómago ni quitan la sed. Es cierto, la cultura no es necesaria para la supervivencia del hombre”. Pero…

…pero con el pan y el agua vive el hombre o la mujer, pero muere la humanidad entera. Creo firmemente que es así. Tenemos un gobierno que sube el IVA del teatro, el cine y la música y lo equipara con las joyas, los perfumes o los coches descapotables. Nos quieren hacer cree que la cultura es un lujo. Pero no es ningún lujo, es lo que mantiene alerta nuestra conciencia ciudadana. Sobrevivir fisiológicamente no te garantiza que vivas como persona.

¿Por qué una de las primeras acciones de los regímenes totalitarios, anticipos del horror, es quemar libros o prohibirlos?

Porque los libros nos hacen pensar y nos hacen soñar… nos hacen personas. Las dictaduras no quieren grupos de ciudadanos con opinión e ilusiones, quieren rebaños. Decía Robespierre (personaje actualmente en proceso de rehabilitación) que “el secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes”.

H.G. Wells tenía razón, la máquina del tiempo existe: son los libros”

¿Abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones?

Para mí sí. Yo trabajo en Barcelona ciudad y vivo en un pueblo a 25 kilómetros. Hay amigos que me dicen “¡Vaya pesadez tener una hora de tren cada día!”. Pues es todo lo contrario. Muchas veces, al final de la jornada, yendo de aquí para allá, el mejor momento del día es justamente cuando me siento en el tren de vuelta a casa, me arrebujo un poco en el asiento y abro un libro. Abres un libro y ya estás en otra parte. H.G. Wells tenía razón, la máquina del tiempo existe: son los libros.

¿Diría que esta novela es una gran declaración de amor a los libros?

Lo es. Yo estoy muy agradecido a los libros. Yo he visto llorar a Ana Karenina, me he sentado en una butaca a contemplar en primera fila la batalla de Austerlitz en Guerra y paz, yo he navegado por lo más profundo e inquietante del río Congo compartiendo timón con Joseph Conrad… mi vida ha sido extraordinaria gracias a los libros.

Dicen que un libro siempre conduce a otros. Usted conoció la existencia de esta biblioteca a través de La biblioteca de noche de Alberto Manguel. ¿A dónde o a qué nos conducirá La bibliotecaria de Auschwitz?

Un lector me dijo que después de leer la novela fue a una librería a comprarse El maravilloso viaje de Nils Holgersson (uno de los libros vivientes del Barracón 31), que había leído 40 años atrás y sentía deseos de volver a leerlo. Ojalá no cese ese juego de la oca y la búsqueda continúe.

necesitamos seguir compartiendo historias porque nuestra vida es muy breve y muy limitada, necesitamos contar y que nos cuenten para que nuestra vida sea mucho más grande”

¿Por qué parece que los libros han de estar continuamente haciéndose valer?

Porque somos muy memos. Los libros no brillan, no chillan, requieren un cierto esfuerzo para leerlos… pero necesitamos seguir compartiendo historias porque nuestra vida es muy breve y muy limitada, necesitamos contar y que nos cuenten para que nuestra vida sea mucho más grande.

¿Para qué sirve una biblioteca en medio de la crisis?

Es un refugio. En la biblioteca de mi pueblo (Vilassar de Mar) incluso ceden salas y organizan conversaciones en inglés gratuitas. Hay ordenadores conectados a internet para chavales que en casa tal vez no dispongan de conexión, hay montones de revistas de todos los temas imaginables, periódicos para estar informado… Y libros de todo tipo, claro. Hay un área muy agradable de infantil para los más pequeños, mesas de estudio para los chavales mayores, se organizan cuenta-cuentos, exposiciones de fotografía… ¡Y todo es gratis! Bueno, se financia con los impuestos de todos, pero también funciona gracias al esfuerzo de las bibliotecarias (porque es una profesión mayoritariamente defendida por mujeres). Tener una biblioteca abierta es como tener una farmacia de guardia. En la farmacia te despachan medicinas para el cuerpo y en la biblioteca tienen montones de remedios para la melancolía, el aburrimiento o la curiosidad. ¡Vayan a las bibliotecas!

 

Toni Iturbe (fotografía: Mario Krmpotic)Antonio G. Iturbe (Zaragoza, 1967) lleva veinte años dedicado al periodismo cultural. Ha sido coordinador del suplemento de televisión de El Periódico, redactor de la revista de cine Fantastic Magazine y trabaja desde hace dieciséis años en la revista Qué Leer, de la que actualmente es director. Ha colaborado, entre otros medios, en las secciones de libros de «Protagonistas», Ona Catalana, ICat FM y la Cope, y en suplementos de cultura de diarios como La Vanguardia o Avui. Ha publicado las novelas Rectos torcidos y Días de sal, y es autor de la serie de libros infantiles Los casos del Inspector Cito, traducida a cinco lenguas.
 
 

Fotografía: Néstor González

(23 de octubre de 2012)

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Sobre el autor

Red de Bibliotecas Públicas del Pdo. de Asturias