Ignacio del Valle: “Soy fruto de una biblioteca pública”

Ha participado en numerosos clubes de lectura de nuestras bibliotecas y es uno de sus firmes defensores, además de uno de los escritores asturianos de mayor relevancia a nivel nacional. Ahora vuelve a las librerías con Busca mi rostro (Plaza&Janés), su nueva novela, que nace con vocación internacional.

Una antigua fotógrafa de guerra, Erin Sohr, asiste a una explosión en un restaurante en Manhattan perteneciente a un jefe del crimen organizado ruso. Cuando Sohr revela las instantáneas que ha tomado durante la explosión, se da cuenta de que hay un rostro que no debería estar en ese escenario: el de Viktor, un antiguo criminal de guerra que, en teoría, lleva muerto diez años. Así comienza Busca mi rostro, la séptima novela de Ignacio del valle (Oviedo, 1971). Del Valle, afincado hace años en Madrid, regresa de nuevo a la guerra, aunque esta vez sea a los rescoldos de la de los Balcanes. Padre literario de Arturo Andrade, publicó con este personajes tres novelas: El arte de matar dragones (Premio Felipe Trigo 2003), El tiempo de los emperadores extraños (Prix Violeta Negra 2011 del Toulouse Polars du Sud, Premio de la Crítica de Asturias 2007, mención especial Premio Dashiell Hammett 2007, Premio Libros con Huella 2006; recientemente ha sido llevada al cine por Gerardo Herrero con el título Silencio en la nieve) y Los demonios de Berlín (Premio de la Crítica de Asturias. 2010). Además, el ovetense es autor de Cómo el amor no transformó el mundo (2005), El abrazo del boxeador (Premio Asturias Joven 2001) y De donde vienen las olas (Premio Salvador García Aguilar, 1999). Ignacio del Valle mantiene una columna de opinión en El Comercio, imparte conferencias y talleres, y dirige la sección cultural Afinando los sentidos en Onda Cero Radio.

 

La guerra de los Balcanes fue algo que nos pilló muy cerca y, a la vez, muy lejos…

Fue una guerra librada a dos horas de vuelo de la Barcelona olímpica y que se trató en los medios como si estuviese ocurriendo en algún país asiático. Algo escandaloso. Un conflicto que hizo implosionar la convicción de que con un estado del bienestar no se repetiría la barbarie nacionalsocialista. Una conflagración que provocó que Europa adoptara la táctica de la avestruz, y tuvieron que ser los americanos quienes nos solucionaran la papeleta. En conclusión: una decepción se mire por donde se mire.

Pero su libro no se centra en esa guerra, sino en cómo ha influido en la actualidad, en las brasas que aún quedan de aquel fuego. 

El conflicto es solo una parte, porque la novela está planteada como una mesa de billar en que el movimiento de una bola se transmite a las demás. Quería explicar cómo el derrumbamiento de la Unión Soviética ayuda a globalizar las mafias, que a su vez se nutrieron del conflicto de los Balcanes para crecer, utilizándolo como punta de lanza para asimilar el capitalismo y convertirse en empresas de servicios ilegales, las mismas que ahora campan en el Mediterráneo comprando bienes y voluntades, que su vez…

¿Es cierto que en los Balcanes aún se cree que las peonías son rojas debido a la sangre serbia derramada en una batalla que ocurrió hace siete siglos?

Las heridas no están cicatrizadas en absoluto. Las rencillas se transmiten de generación en generación, y la realidad mítica de la propaganda todavía sigue imponiéndose para infantilizar a la gente, creando unas estupendas condiciones para el fanatismo. Si a eso se le añade una educación que también se alimenta de símbolos y emociones, en vez de jerarquizar y explicar los hechos, tenemos una fenomenal bomba de relojería. En la novela se resume así: “Siempre es más fácil vivir con una mentira que enfrentarse a la verdad, a la posibilidad de la culpa individual y la responsabilidad colectiva“.

Trata de blancas, tráfico de influencias, internacionalización del crimen organizado… ¿se ha dejado algo fuera? 

Paraísos off-shore, tráfico de todo tipo de personas, objetos y sustancias, los media, la moda, la fotografía, la publicidad… Cuando tiras de una cereza salen otras cinco enredadas, y es necesario contextualizar cada pieza del gigantesco puzzle y luego alejarse para ver bien el dibujo.

Cuando un sistema fracasa, ¿lo único que queda es el botín? 

Eso creo que resulta palmario, en el saqueo de la extinta Unión Soviética, en el caos de Yugoslavia, en la España del ladrillazo y los chanchullos…

Cuenta en su libro que, después de la caída de la URSS, “paradójicamente los malos habían sido las matronas que ayudaron a alumbrar el capitalismo: mejor entregar el diez por ciento de la facturación a unos matones que el noventa a burócratas corruptos”

Resulta fascinante comprobar cómo los mafiosos se adaptan continuamente al medio. De repente la Unión Soviética se vio inmersa en una hiperinflación que la lleva a una espiral de sangre y decadencia, las estructuras de seguridad no son capaces de mantener el orden y el Estado tampoco puede garantizar las transacciones comerciales, y ahí entra el crimen organizado, que proporciona protección y defiende a la empresa privada al coste de la extorsión y el monopolio de la violencia.

Resulta fascinante comprobar cómo los mafiosos se adaptan continuamente al medio.

La idea de este libro surgió en un viaje Nueva York, mientras estaba usted en Times Square.

Efectivamente, en mi primer viaje a Nueva York estaba paseando por Times Square, rodeado por todos aquellos anuncios casi alucinógenos, y no me podía quitar de la cabeza que los terroristas se habían equivocado de objetivo: el corazón del capitalismo no era el WTC, sino Times Square, era allí donde realmente se quemaba el incienso a Mammón, el dios del dinero. Ahí se produjo la ignición de todo el proceso de construcción de Busca mi rostro, de intentar explicar el mundo en el que vivo.

Nueva York, la ciudad donde todo puede ocurrir, gente de todas las razas y condiciones, la Roma de nuestros días. ¿Es atractivo escribir sobre la ciudad?

Yo creo que es la ciudad más atractiva, y todavía lo será durante largos años, hasta que su corona sea arrebatada por Sanghai o Singapur. Nueva York es un sueño que concilia la moral, la estética, el capitalismo, el comercio. Nueva York es una capital imperial con conciencia absoluta de serlo. Nueva York habla de la ambición de un pueblo, de su poder, de su memoria, de sus mitos. Nueva York es la capital que hubiera querido tener Stalin.

Pero Busca mi rostro es un libro muy viajero: Nueva York, Belgrado, Sarajevo, La Haya…

Es una novela transnacional porque la globalización del planeta provoca que el precio del pescado en un mercado de Macao influya en el café que te tomas en Asturias. Era mi manera de mostrar la serie de actos y consecuencias cuyo oleaje llega a cualquier lugar del mundo.

 la globalización del planeta provoca que el precio del pescado en un mercado de Macao influya en el café que te tomas en Asturias.

¿Víktor está basado en algún personaje real o es una especie de Frankenstein compuesto de retazos de varios criminales de guerra?

En un principio me basé en Arkan, un criminal de guerra serbio, pero a partir de ahí quería que se volviese prismático, que se convirtiese en un coronel Kurtz o en Drácula. Estos dos personajes, con todas sus pasiones y contradicciones, proyectan una sombra que cubre sus respectivas novelas y hace que todo se mida en función de ellos. En cierta manera son símbolos de nuestro miedo a la vida y su acontecer.

¿Nos definen nuestros enemigos?

Absolutamente, son ellos los que te obligan a la autocrítica, es decir, a crecer y a mejorar para ponerte a su altura. Siempre recuerdo que Alí afirmaba que si no hubiera existido Frazier, él no hubiera llegado a ser el boxeador que fue.

Con el personaje de Erin Sohr también nos muestra cómo la guerra influye en quienes la cubren, tanto lo que allí ven como el trabajo que deciden realizar.

Nadie sale indemne de una experiencia de esas características. Ese proceso de dar testimonio de atrocidades, muchas veces sin poder hacer nada, crea una tensión interna que llena tu conciencia de fantasmas. No obstante, sería peor que no hubiera nadie para denunciar las barbaridades: hay que evitar la impunidad de los carniceros.

¿Por qué se obsesiona de esa forma Erin por encontrar a Viktor?

En principio porque piensa que es una obligación moral capturar a un criminal de guerra, pero paulatinamente se da cuenta de que la biografía de Viktor es la biografía de su época, su “rostro” puede explicar el mundo, y además le susurrará cosas sobre ella que no desea saber pero que son las que conforman su verdadera naturaleza.

Y en medio de todo este horror, Ignacio del Valle nos dice que “ser realmente fuerte es querer y aceptar que te quieran”

Es una realidad, lo otro, protegerse, defender una independencia absurda, al final te lleva a una soledad absoluta. Hay que amar y ser amado, tenemos que sentirnos objeto de deseo. Eso nos salva.

Ha escrito sobre la Guerra Civil, sobre la Segunda Guerra Mundial… y ahora los Balcanes. ¿Todas las guerras se parecen?

Eso hay que preguntárselo mejor a Plutarco, a Herodoto, a Flavio Josefo, a Tito Livio, a Jenofonte, a Tucídides… los viejos saben más de estas cosas. Pero sí, yo creo que al final todas son similares, porque la violencia nos obsesiona, a lo mejor porque nos ofrece soluciones sencillas a problemas complejos, salidas definitivas a problemas frustrantes. Aparte la guerra nos plantea elecciones morales en una época que no es propicia a ello.

¿Duele más escribir sobre el presente?

Es más complejo porque no tienes la perspectiva que puedes tener, por ejemplo, con las novelas de Arturo Andrade. La distancia te ayuda a ver mejor el panorama.

Este año ha visto cumplido uno de sus sueños: uno de sus libros llevado al cine. ¿Ha quedado satisfecho con la película Silencio en la nieve?

Es una película digna, que solo me ha traído recompensas. Conocer a gente como Carmelo Gómez, Juan Diego Botto, Gerardo Herrero, Antonio Saura; asistir en un rodaje en Lituania; estar en una premiere en la Gran Vía; comprobar cómo la novela en la que se basa, El tiempo de los emperadores extraños, se ha vuelto todavía más visible…

Es en las bibliotecas donde se forma la opinión, el criterio, donde se compara y contrasta, donde se crea tu visión del mundo. Por eso me preocupa enormemente el recorte de fondos para la cultura, seguramente estamos poniendo los cimientos para un desastre dentro de veinte años. 

Tengo entendido que para Busca mi rostro le gusta el director Steven Soderbergh…

Me gusta su tratamiento de la luz, sus tempos, su manera de mezclar acción y reflexión, su capacidad para hacer igual de bien películas comerciales y proyectos indies. Si yo pudiera elegir un director para Busca mi rostro, sería él.

En sus largos procesos de documentación, ¿qué papel han jugado las bibliotecas?

Esencial, pero no solo en mis novelas, sino directamente en mi oficio de escritor. Yo soy fruto de una biblioteca pública, gracias al acceso a sus fondos pude disfrutar y aprender. Es en las bibliotecas donde se forma la opinión, el criterio, donde se compara y contrasta, donde se crea tu visión del mundo. Por eso me preocupa enormemente el recorte de fondos para la cultura, seguramente estamos poniendo los cimientos para un desastre dentro de veinte años. Y en este caso no será el silencio de los corderos, sino el balido de miles de borregos.

(28 de mayo de 2012)

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Sobre el autor

Red de Bibliotecas Públicas del Pdo. de Asturias